EL DÍA QUE DESHAGO CIENTOS DE NUDOS
Hay días en los que hago cientos de nudos... y termino deshaciéndolos.
No ocurre cada vez que hago un bolso. Ni mucho menos.
Sucede, sobre todo, cuando estoy creando un modelo nuevo.
Tengo una idea en la cabeza. Sé más o menos cómo quiero que sea, imagino sus proporciones, su forma, cómo quiero que caiga, qué tipo de asa puede funcionar...
Pero entre imaginar una pieza y conseguir que esa pieza exista hay un camino que no siempre es recto.
Y ahí empiezan las pruebas.
Cuando todavía no existe el patrón
Cuando hago un modelo que ya he creado anteriormente, parto de algo que conozco.
Sé las medidas, los nudos que voy a utilizar, las proporciones y los pasos que tengo que seguir.
Aunque hablar de un «patrón» en macramé no es tan sencillo como puede serlo, por ejemplo, en crochet. Muchas veces son mis propias anotaciones, medidas, cálculos y referencias las que me permiten volver a reproducir una pieza.
Pero cuando estoy creando algo nuevo, todo eso todavía no existe.
Hay que construirlo.
Y construirlo significa probar.

A veces deshago más de lo que hago
Empiezo convencida de que una determinada solución va a funcionar.
Hago una parte.
La miro.
Mido.
Pruebo.
Y no.
Quizá la proporción no sea la que imaginaba. Puede que el nudo elegido no produzca el efecto que buscaba, que la forma no tenga la caída que quiero o que algo que funcionaba perfectamente en mi cabeza no funcione igual cuando lo tengo delante.
Entonces toca deshacer.
A veces son unos cuantos nudos.
Otras veces son muchos.
Y cuando estoy desarrollando un prototipo nuevo, puede ocurrir incluso que tenga que deshacer prácticamente una pieza entera y empezar de nuevo.
Hay momentos, creando un modelo nuevo, en los que parece que deshago más de lo que hago.
Pero precisamente de ahí acaba saliendo el modelo definitivo.
Deshacer no siempre significa haberse equivocado
Esto para mí es importante.
Naturalmente que alguna vez me equivoco.
También puede pasar que esté trabajando, algo me interrumpa, retome el trabajo y descubra unos cuantos nudos después que he cometido un error. En esos casos se deshacen esos pocos nudos, se corrige y se continúa.
Pero cuando estoy creando un prototipo, deshacer tiene otro significado.
No necesariamente he hecho algo mal.
Simplemente estoy comprobando si una idea funciona.
Y algunas funcionan.
Otras no.
Las horas que dedico a esas pruebas no son horas perdidas. Forman parte del proceso de crear una pieza que antes no existía.

Entre imaginar un bolso y conseguir hacerlo
Esta es quizá una de las partes de mi trabajo que menos se ve.
Cuando aparece un bolso nuevo en Paloma y Punto, quien lo ve encuentra el resultado final.
Pero antes ha habido decisiones, medidas, cálculos, pruebas y cambios.
He tenido que descubrir cómo conseguir que aquello que imaginé termine convirtiéndose en algo real.
Y llega un momento, después de probar y volver a probar, en el que lo miro y pienso:
«Sí. Ahora sí. Esto era lo que quería.»
A partir de ahí, ese modelo ya tiene un camino.
Ya sé cómo construirlo.
Cuando el modelo ya está creado
Si vuelvo a hacer ese bolso, el proceso ya no es el mismo.
No empiezo desde cero ni paso horas deshaciendo para descubrir cómo construirlo.
Ya tengo mis medidas, mis anotaciones y la experiencia de haberlo hecho antes.
¿Puedo equivocarme en algún nudo? Por supuesto.
Soy artesana, no una máquina.
Y si ocurre, deshago esos nudos, corrijo y continúo.
Pero eso es muy diferente de crear un prototipo, donde precisamente hacer, observar, cambiar y volver a hacer es parte del desarrollo de la pieza.

Todo eso también está en el bolso
Cuando finalmente termino ese primer modelo, nadie puede saber cuántas versiones existieron antes.
Cuántos nudos hice.
Cuántos desaparecieron.
Cuántas veces cambié una medida o decidí probar otra solución.
Y no hace falta que se vea.
Pero todo ese trabajo está, de alguna manera, en la pieza terminada.
Porque crear a mano no consiste únicamente en saber hacer nudos.
También consiste en imaginar algo que todavía no existe y encontrar la manera de hacerlo posible.
Cada nudo que hice, incluso los que después deshice, me ayudó a encontrar el camino hasta la pieza que había imaginado.
Paloma.